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Cómo hacer para que el traslado de cada día al trabajo no te arruine la salud

Escrito por Mark Johanson BBC Capital
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Jessica Patch tenía buenas razones para aceptar un trabajo publicitario bien remunerado en San Francisco, EE.UU.

Aparte del reto en sí del puesto, sabía que el dinero extra la ayudaría a financiarse un costoso tratamiento de fertilidad.

El lado negativo: tener que manejar casi 90 km hasta la oficina, lo que significaba estar hasta cuatro horas al día en el auto.

Para matar el tiempo, Patch escuchaba podcasts y recibía un programa de radio sobre terapias para aliviar el estrés, pero la presión del desplazamiento al trabajo, añadida a la larga jornada laboral, le "arruinó completamente el cuerpo", según cuenta.

De 35 años, Patch desarrolló problemas estomacales relacionados con el estrés, se deprimió y terminó con problemas en la zona lumbarde tanto estar detrás del volante.

Y ni pensar en intentar concebir.

Después de nueve meses, renunció y se dedicó a trabajar como freelance en diseño y fotografía, algo que podía hacer desde casa (aunque con menos paga). Ahora espera su primer hijo en octubre.
Su experiencia negativa de los largos viajes diarios no es poco común.



Hay estrategias para ayudar a que ese traslado diario no te deje exhausto.

"Es algo estresante y el estrés tiene todo tipo de efectos secundarios sobre la salud", explica Iain Gately, autor de Rush Hour, un libro que explora cómo 500 millones de personas sobreviven diariamente a los desplazamientos diarios al trabajo.

"Creo que muchos de nosotros experimentamos una abrumadora sensación de impotencia porque estamos atascados en el tren o en la carretera y no hay nada que podamos hacer", dice.

De hecho, estudios hechos desde Ghana hasta Alemania muestran que una mayor distancia entre nuestra oficina y la casa puede llevarnos a sufrir de agotamiento, malos hábitos de sueño, aislamiento social e incluso provocar problemas emocionales para nuestros hijos.

En EE.UU., datos estadísticos oficiales muestran que "cada minuto que se pasa en el viaje está asociado con una reducción de 0,0257 minutos en el tiempo para hacer ejercicio, 0,0387 minutos menos para cocinar y 0,2205 minutos menos de sueño".

Por ejemplo, durante el transcurso de un año, descontadas unas dos semanas de vacaciones, alguien que se desplaza 15 horas semanalmente pierde cerca de media hora de sueño cada día.

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Viajar con un plan
Sin embargo, según nuevos estudios, ese desplazamiento al trabajo puede ser, en realidad, aprovechado para hacer una mejor división entre la vida familiar y la oficina.

Creo que muchos de nosotros experimentamos una abrumadora sensación de impotencia porque estamos atascados en el tren o en la carretera y no hay nada que podamos hacer"
Iain Gately, autor

La clave estaría en la forma en que se utiliza el tiempo.

Un equipo internacional de investigadores hizo este año un sondeo con 225 empleados de una empresa británica mediática grande y encontró que entre mayor era la distancia a su trabajo, estaban menos contentos y satisfechos emocionalmente con sus empleos.

Sin embargo, esa relación negativa entre el tiempo de viaje y la satisfacción laboral no existía en las personas que se destacaban especialmente por una cualidad: el autocontrol.

Jon Jachimowicz, coautor del trabajo de investigación Commuting With A Plan, señala que estudios a ambos lados del Atlántico muestran que "personas con un nivel más alto de autocontrol tienen más probabilidades de ocuparse en la prospección de fines concretos, camino al trabajo".

Es decir, que el simple acto de hacer una planificación mental durante el tiempo de viaje hace una gran diferencia.
Básicamente, quienes tienen mayores niveles de autocontrol se pueden plantear preguntas en la mañana como: ¿qué debo hacer hoy?, ¿cómo encaja eso en lo que tengo que hacer esta semana?, ¿tendrá efectos en mis objetivos de carrera?


¿En un atasco? Encontrar una forma de aprovechar ese tiempo detrás del volante hace una gran diferencia sobre la forma en que los traslados diarios nos hacen sentir.

Al hacer eso, durante unos pocos minutos, el estudio mostró que las personas están mejor equipadas para hacer la transición tanto psicológica como temporal de su rol en casa (como padre, madre o compañero de casa) a su rol en la oficina (como jefe, subalterno o colega).

Y, por consiguiente, reportan sentir menos estrés o agotamiento.
Jachimowicz apunta que si bien es algo que quienes tienen más autocontrol hacen naturalmente, "es una estrategia disponible para todo el mundo".

Aislamiento errado
Por otra parte, es verdad que quienes no conducimos al trabajo podemos encontrar más tiempo para leer, responder correos o desconectarnos durante nuestro desplazamiento diario.

Sin embargo, resulta ser que la forma solitaria e insociable como nos comportamos en el transporte público podría ser, en realidad, perjudicial.


La forma solitaria y poco sociable en que nos compartamos en el transporte masivo puede ser perjudicial para nosotros mismos.

En la mayoría de la circunstancias solo le permitimos a los demás estar a una cierta distancia de nosotros, pero viajar en transporte público viola casi todas las reglas de participación social.

Gately argumenta en Rush Hour que muy frecuentemente viajamos en condiciones que serían consideradas crueles en el trasporte de ganado, especialmente en ciudades como Tokio, Pekín o Moscú, donde los sistemas de transporte están entre los más concurridos del mundo.

Gately explica que en ese contexto "realmente no tratamos a las personas como personas".

"Las tratamos como si fuesen piezas de mobiliario y eso permite que nos las arreglemos sin tener que interactuar con ellas, como lo haríamos en circunstancias normales".
Eso puede ayudarnos a lidiar con el hacinamiento, pero las investigaciones muestran que podría ser parte de la razón por la que nos sentimos tan estresados.

Para Nicholas Epley, un profesor de Ciencias de la Conducta de la Universidad de Chicago, EE.UU., existe una paradoja social que se ve, cada mañana, en los trenes y buses de todo el mundo cuando los trabajadores erróneamente buscan la soledad.


¿Podríamos acabar con la infelicidad en el transporte si le habláramos a extraños?

"La gente tiende a pensar que los demás no son tan sociables y que si comienzas una conversación sería algo desagradable, pero en eso están equivocados", sostiene.

"Lo que aprendimos de nuestros experimentos es que el mayor costo del viaje diario -la infelicidad que aparece en casi toda encuesta que haces- puede desaparecer simplemente al hablar con un extraño".

Epley enfatiza que los humanos somos animales extremadamente sociales que ansiamos conectarnos. Sin embargo, subestimamos considerablemente el interés que tendrían muchos desconocidos en hablarnos.

El promedio de los participante en el estudio reciente, que se llevó a cabo en el transporte público de Chicago, aventuró la hipótesis de que solo el 40% de los viajeros entablaría una conversación. La cifra real: 100%.

Epley sugiere comenzar con un halago o una observación para romper el hielo y dice que su experimento sugiere que "tanto extrovertidos como introvertidos podrían estar sorprendentemente más felices, si fuesen un poquito más sociales de lo que son ahora mismo".

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