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Muere el expresidente de la FIFA Joao Havelange, el hombre que globalizó el fútbol

Escrito por BBC Mundo
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Joao Havelange murió este martes a los 100 años de edad.

El exdirigente brasileño lideró el la Federación Internacional de Fútbol Asociado entre 1974 y 1998, período en el que globalizó el deporte y lo convirtió en el más popular del planeta.
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Durante su presidencia, cargo que asumió en sustitución del británico, Stanley Rous, la Copa del Mundo se convirtió en uno de los eventos deportivos más lucrativos del mundo, impulsando la expansión del torneo de 16 a 32 países.

 

 Toda su vida estuvo ligado al deporte, representando a Brasil en los Juegos Olímpicos de 1936 en Berlín e ingresando a formar parte del Comité Olímpico Internacional en 1963.

Pero su carrera como dirigente también estuvo marcada por acusaciones de sobornos y abuso de poder al frente de uno de los organismos más influyentes del mundo.

En 2010, El periodista británico Andrew Jennings trabajó en el programa de la BBC, Panorama, en el que se implicó al yerno de Havelange, Ricardo Teixeira, por entonces presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol, de obtener millones de dólares en soborno de la firma suiza International Sport and Leisure, que buscaba mantenerse con la exclusividad de comercialización de la FIFA.

Jennings fue quien por años investigó la FIFA y develó varios de los casos que guiaron a las autoridades estadounidenses a destapar el escándalo de corrupción que sacudió el organismo en 2015.

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Havelange siempre negó las acusaciones y pudo evitar una investigación cuando renunció como miembro del COI en 2011 debido a problemas de salud.

 

Al año siguiente, Teixeira abandonó su cargo al frente de la federación brasileña, puesto que había ocupado por 23 años, y renunció al comité organizador de la Copa del Mundo de Brasil 2014, aunque siempre defendió su inocencia ante las acusaciones de corrupción.

De la piscina al campo de fútbol

Además de participar en natación en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, Havelange formó parte del equipo brasileño de polo acuático en las Olimpiadas de Helsinki en 1952 y fue jefe de misión de la delegación de su país en Melbourne 1956.
Esos fueron sus primeros pasos como dirigente deportivo, posición con la que iba a conseguir renombre internacional.

 
Su carrera comenzó a tomar forma cuando fue nombrado como presidente de la Federación Metropolitana de Natación, ingresó como miembro del Comité Olímpico Brasileño y formó parte de la Unión Ciclista Internacional en 1958.

También tuvo influencia en la Confederación de Deportes de Brasil, de la que fue presidente entre 1958 y 1973, antes de convertirse en la figura más poderosa del fútbol.

Su campaña para sustituir a Stanley Rous se basó en el apoyó que consiguió entre aquellos países y federaciones descontentas con la FIFA, que consideraban que servía a los intereses de los países europeos.

Con una figura imponente, de ojos azules, Havelange fue reconocido por su astucia como político, capaz de conseguir el apoyo casi unánime de la llamada familia del fútbol durante 24 años.

 

Su influencia fue tal que cuando dejó la presidencia de la FIFA en 1998, el cargo fue asumido por uno de sus hombres de confianza, el suizo Joseph Blatter.

Cuando Havelange fue electo en 1974, la sede de la FIFA en Zúrich sólo contaba con 12 personas trabajando a tiempo completo para el organismo. Pero esa figura fue creciendo vertiginosamente en las siguientes décadas de manera a medida que aumentaban las responsabilidades institucionales de la FIFA y crecían los intereses comerciales.

Al expandir la Copa del Mundo a 32 selecciones, Havelange le brindó a países de Asia, Oceanía, y África la oportunidad de formar parte y brillar en la mayor fiesta del fútbol, siendo Camerún el primer país africano en alcanzar los cuartos de final de un mundial y Nigeria la primera en ganar la medalla de oro olímpica en 1996.

Fue bajo el mando de Havelange que el fútbol confirmó su condición como deporte más popular del planeta, creando una red de influencia social alrededor del mundo con academias y escuelas e impulsando una serie de nuevos torneos, como la Copa del Mundo de mujeres que comenzó en 1990 y competiciones internacionales para las generaciones más jóvenes.

En abril de 2013 renunció a su cargo como presidente honorario de la FIFA.

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